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domingo, 3 de enero de 2010

The Big Bang Theory


Ni modo, me declaro fan de The Big Bang Theory, la serie de televisión estadounidense que presenta (en forma de comedia) la vida de cuatro amigos que trabajan en un instituto de física. Aunque varios de mis amigos físicos y matemáticos aseguran que no se parecen en nada a Leonard, Howard, Raj y Sheldon, yo no estaría tan segura. Además, entre la gente parecida a ellos me incluyo a mí misma: me encantan los juegos de video, las películas de ciencia ficción y, al igual que los personajes de la serie, me he pasado varias horas jugando con una mezcla de maizena y agua. Pruébalo, haz una mezcla muy espesa de maizena y agua, y muévela como si fuera una pelota. Mientras uno la mueve, se comporta como un sólido, cuando uno la deja caer se comporta como un líquido.

Esta y otras cosas relacionadas con la ciencia que se muestran en la serie, son reales. Las ecuaciones en el pizarron de Sheldon parecen verdaderas y los proyectos en los que trabajan los personajes se parecen mucho a los de algunos de mis colegas. Después de ver algunos capútulos de la serie, me pareció claro que habría al menos algún científico detrás. Buscando en Internet, me di cuenta de que esa suposición es cierta.

David Saltzberg, un físico de la Universidad de California, revisa cada uno de los episodios que escriben los guionistas, y los llena de física real. Un ejemplo de ello es que Sheldon está trabajando en un problema real de física en la serie y Leonard está tratando de replicar el trabajo de un grupo de italianos que realmente existe. Además, del mismo modo que los personajes de la serie, David Saltzberg se fue en una expedición a la Antártida como parte de su trabajo.

Lo que realmente me llamó la atención de esta historia, es que David Saltzberg inició un blog para hablar de la ciencia detrás de cada uno de los episodios de la serie, llamado The Big Blog Theory, que se puede encontrar en:

http://thebigblogtheory.wordpress.com/

Me pareció interesante, porque es un esfuerzo de divulgación de la ciencia que ha permeado a la televisión mundial.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El índice h

Hoy en la tarde conocí a un físico, proveniente de un pequeño país europeo, que vino a México a colaborar con un grupo de científicos mexicanos. Apenas salido del aeropuerto, mi esposo y yo lo llevamos a cenar bagels con carnes frías y una cerveza. Al final de la cena y después de contarnos del congreso que acababa de organizar hacía algunos días, me preguntó a qué me dedicaba.

Yo le conté que era divulgadora de la ciencia y que, entre otras cosas, escribía en una revista de divulgación. Cuando terminé de contarle esto, me miró fijamente y me preguntó: "¿Cuál es tu índice h?"

El "índice h" es un número del que (de alguna manera)depende la reputación de un físico. Este número se obtiene contando el número de artículos en revistas científicas que ha publicado y el número de veces que lo han citado. Un científico tiene un "índice h" si ha publicado un número h de artículos que han tenido al menos h citas. Por ejemplo, el Dr. X tiene un número h=7 si ha publicado al menos 7 artículos, cada uno de los cuales ha sido citado en al menos 7 artículos científicos.

Publicar artículos en las revistas científicas no es nada fácil, pues pasan por las revisiones arduas de varios colegas de la misma área del autor. Además, el que un artículo científico sea citado en otro, es un reconocimiento al trabajo de su autor. Mientras más alto sea el índice h, mayor reconocimiento tiene un científico.

Es por eso que nuestro invitado me miró incrédulo cuando le dije que yo no tenía índice h. Después de mirarme con cara de duda, me miró con un poco de pena: si no tenía índice h, seguramente nadie leía mis artículos. Al contrario de lo que él esperaba, le informé que la revista donde yo escribo tiene un tiraje de 20,000 ejemplares al mes, entonces al menos algún despistado la lee de vez en cuando. Nuestro invitado seguía sin entender: "¿Cómo es posible que alguien escriba sobre física y no tenga número h?" Lo que finalmente le expliqué es que los divulgadores de la ciencia no tenemos índice h. El reconocimiento de un divulgador de la ciencia no se mide comparando los artículos qe ha escrito con las veces en que han sido citados.

Después de verme fijamente de nuevo, me preguntó como se mide el impacto de un divulgador de la ciencia. Esto no lo pude contestar, pues no hay un criterio estandarizado para medir la "eficacia" de un divulgador. ¿Cómo mediríamos el impacto que tuvo Carl Sagan? ¿Por la cantidad de divulgadores a los que inspiró?, ¿por el número de niños que se convirtieron en científicos por haber visto Cosmos? Tal vez podríamos contar el número de veces que se han repetido sus frases en clases y conferencias, o las veces que sus libros han inspirado a escritores de ciencia ficción. Cierto, los divulgadores no tenemos un índice h pero, ¿eso está tan mal?...

martes, 8 de diciembre de 2009

Amélie Nothomb


Leer a Amelié Nothomb fue todo un descubrimiento. Aunque las tramas de sus obras son sencillas y su lenguaje poco complicado, captura a la perfección la sensación de "otredad" (the "otherness" en inglés) que vive cualquier persona cuando se sumerge de lleno en una cultura que no es la suya.

En la novela Ni de Adán ni de Eva Nothomb describe, en medio de paisajes majestuosos, las aventuras que vive con su novio japonés. En el transcurso de la obra, deja al descubierto los enfrentamientos de dos seres humanos que crecieron en culturas distintas.

De entre muchas escenas del libro, me llamó la atención aquella en la que la autora usa el concepto de "liberación cultural", que le aplica a su joven enamorado japonés cuando él decide transgredir las reglas no escritas de su cultura. Por ejemplo, cuando hace cosas "vergonzosas" como comer un plato enorme de spagetti, o darse el lujo de ser impulsivo cuando está con la "exótica" chica belga de la que está enamorado.

En una relación bi-cultural, la "liberación cultural" es a la vez un ritual constante y sorprendente. Vale la pena leer el libro de Nothom para explorarlo.
 

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